Una Noche Estrellada

Una joven pareja decide dar un paseo nocturno or el bosque cercano a su ciudad para ver las estrellas y el firmamento sin la polución de la urbe. En el momento de regresar a casa, el muchacho se da cuenta que el coche no arranca. Tras un rato intentándolo, él le propone a ella esperarle en el coche mientras va a pedir ayuda. Ella, aunque algo asustada, acepta. Nada más partir él, cierra bien todos los seguros.

El tiempo pasa y su novio aún no ha regresado... Siguen pasando los minutos y el miedo en ella cada vez es mayor. De repente, ella empieza a escuchar un ruido en el exterior, más concretamente en el techo del coche. Parecía como si una rama de árbol rozará con el coche por el aire que soplaba fuera. Aunque era extraño, porque no estaban próximos a ningún árbol. Aunque asustada, al final termina durmiéndose.

Al amanecer, la muchacha es despertada por la policía. Extrañada, ella abre la ventanilla y le piden que salga del coche, pero que no mira detrás de ella. Evidentemente, se volvió y vio a su novio muerto, colgando de la rama de un árbol mientras sus pies rozaban el techo del coche.
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Ramo de Flores

Como cada día desde hacía dos meses, una joven recibe flores de su novio. Éste desea convencerla de casarse con él. Pero desde hace unas semanas el estado de salud de la joven empeoraba. Su médico le decía que era a causa del estrés, y que por eso estaba tan cansada. En resumen, le decía que no era nada grave.

Sin embargo, la joven fue encontrada muerta unos pocos días más tarde. Conclusión de la policía: la chica habría muerto por envenenamiento por arsénico. Y es que lo que su amigo no sabía es que las flores que le mandaba provenían de un campo situado cerca de una fábrica que expulsaba esta sustancia nociva.
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El Reloj de Güigüe

El Reloj de Güigüe Frente a la casa parroquial de Güigüe hay un extraordinario reloj público que perteneció a la Hacienda El Trompillo propiedad de Don Antonio Pimentel y del General Juan Vicente Gómez. Fue traído de Europa para colocarlo en la hacienda cafetalera en la época de Guzmán Blanco. Después de la muerte de Gómez, el reloj se trasladó a la Plaza Ávila, donde marcaba las horas parroquiales. Hay una leyenda que dice que quien lo repare morirá en pocos días, así le pasó a los señores Salvador Consoli, Andrés Mijares y Juan Lorenzo.

En la Plaza Ávila de la población de Güigüe, perteneciente al municipio Carlos Arvelo en el Estado Carabobo se encuentra un antiguo reloj, genuino y auténtico monumento, como los relojes públicos de Caracas, traídos durante los gobiernos del General Antonio Guzmán Blanco y Joaquín Crespo.

Este reloj de Güigüe era utilizado para medir el tiempo a las personas que recogían café de la producción sureña de Copetón, Santa Efigenia, Altamira y las Palmas. Muchos lugares aseguran que este reloj fue testigo de las vivencias de Don Antonio Pimentel y el General Juan Vicente Gómez, durante sus estadía en la Hacienda el Trompillo, una de sus tantas propiedades; al morir el General Gómez, el reloj fue trasladado a la plaza Ávila de Güigüe totalmente descompuesto, allí fue reparado y marcaba las horas parroquiales del pueblo; hay quienes dicen que la persona que lo reparó murió a los pocos días, luego un hombre de origen italiano de nombre Salvador Consoli, fue operario de dicho reloj y cuando abandonó este oficio y se marchó para su tierra natal, a los pocos días dejó de existir, después un señor de nombre Andrés Mijares, a quien llamaban “Chipia” murió luego de reparar el reloj. El caso más reciente de los operarios del aparato fue el conocido maestro de esa localidad, Juan Lorenzo, quien se atrevió a poner a funcionar el reloj y al poco tiempo murió en Valencia.

Desde entonces se corrió la Leyenda en toda la región central de Venezuela, de que aquel que repare “El Reloj de Güigüe”, que prepare el testamento porque le quedan pocas horas de vida.
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El último cliente

Un taxista regresa de llevar a un pasajero por una solitaria carretera de montaña, para su sorpresa encuentra un nuevo cliente en el arcén de la carretera. El hombre se acomoda en el asiento de atrás del taxi y da una dirección, aunque el lugar es desconocido para el taxista el pasajero se compromete a guiarlo para llegar a su destino.

Atraviesan pequeños pueblos, pasan por caminos olvidados y poco a poco el taxista comienza a inquietarse. Tras un buen rato de conducción se gira hacia atrás y pregunta al pasajero dónde se encuentran. Al hacerlo se sorprende por última vez al ver que el pasajero ha desaparecido, sin embargo se solventan sus dudas sobre donde está: al borde del precipicio a punto de dejar que sea la gravedad quien marque velocidad y recorrido.
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Botan Doro: La geisha esqueleto

Esta leyenda japonesa recibe el nombre de Botan Doro y se recoge en una colección de piezas de kabuki llamadas Cuentos de la linterna.

Una noche, un samurái vio pasear a una bella joven. Fascinado, le confesó su amor y ella le prometió que estarían juntos toda la eternidad. Cada noche, la mujer iba a visitar al samurái y yacían hasta que ella se marchaba, antes del amanecer.

Un amigo del samurái fue a visitarle una noche y le sorprendió copulando con un esqueleto. Aterrorizado, pidió ayuda a un monje, quien colocó en la casa del samurái un sello protector que impedía la entrada del fantasma. Así, por la noche, cuando la mujer fue a visitarle, el amuleto no la dejó entrar, pero ella llamó a su amado con voz dulce... Al día siguiente, el cadáver del samurái apareció en un sepulcro abrazado a un esqueleto.
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